De la resignación a la aceptación

Cuando el camino de la vida es diferente a nuestras expectativas, cuando los resultados no son los esperados, cuando los esfuerzos por sostener no alcanzan, cuando las cosas no suceden como esperamos, podemos enojarnos, luchar por cambiar, negar la situación y caer en la resignación. 

La resignación es una fase de duelo inconclusa normalmente asociada a emociones de tristeza. Es un cimiento blando con pocas posibilidades para construir sobre él. Llegamos a la resignación atravesando la negación, la ira o la rabia que, cuando no es expresada o  gestionada, se transforma en tristeza.  En medio de esa tormenta emocional la resignación surge como un trabajo sin terminar. 

Muchas veces se confunde la resignación con la aceptación. De hecho, muchos definen a la resignación como la aceptación de hechos o situaciones que no tienen solución. Pero, ¿qué pasa con el aprendizaje?, ¿qué pasa con todo aquello que podemos hacer ante un nuevo escenario? Allí surge la aceptación como posibilidad, como paso superador. 

Aceptar es, ante todo, dejar que las cosas sean como son. Es soltar el pasado para conectar con el presente y, a partir de allí, construir tu mejor futuro. Es dejar ser. Es el paso previo al aprendizaje en un proceso de duelo. Es el cimiento firme para construir nuevos momentos y realidades. Es el primer paso para la acción.

Eligiendo aceptar

¿Cómo llegas a la aceptación? Primero y principal conectando con todo lo que pasa. Tratando de lograr una mirada más amplia a toda la experiencia presente. Tomarte el tiempo necesario en cualquier situación para reconocer cómo estás y dejar que las emociones se expresen. La regulación emocional es clave en esta ruta. Si estás enojado, expresar o gestionar la ira (cuidando no herir a nadie inclusive a ti mismo); si estás triste o con miedo, reconocer esa emoción dándole el espacio y el tiempo que necesiten acompañarnos. ¿Cuál sería la intención positiva de esas emociones? ¿Cómo podrías construir otra mirada desde ese punto?

Desde la aceptación puedes entender el movimiento permanente de la vida. Practicar el desapego a los resultados y poner foco en el proceso. Aceptar también es entender que haces lo mejor posible la mayor parte del tiempo, que tu intención positiva está siempre a favor. Algunas veces, efectivamente, no hay vuelta atrás, no hay solución. La aceptación puede ser allí una oportunidad para perdonar y perdonarte o para cambiar y transitar un nuevo camino. 

PROAA es la sigla que incluye la posibilidad de parar, respirar, observar, aceptar y accionar. Cuando paramos podemos conectar con la respiración. Desde este punto activar los sentidos observando hacia fuera y hacia adentro. Conectando con tus pensamientos y tus emociones.  Esta sencilla secuencia es una oportunidad de poner en práctica la aceptación como una ocasión genuina para la acción, para seguir transitando tu camino de vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *