
Expectativas y resultados
En el camino de la vida las cosas no siempre suceden como esperas que sean. Me animaría a decir que las expectativas de la mente dual y condicionada siempre son diferentes a lo que finalmente ocurre. Esa diferencia entre la expectativa y el resultado cuando la expectativa es mayor al resultado trae, inevitablemente, sufrimiento. Sufres porque los eventos no son lo que esperas que sean, sufres porque haces todo lo que está a tu alcance y no ves resultados, sufres porque esperabas un resultado que no se da en la realidad. La expectativa surge de una combinación de deseos, pensamientos, necesidad de aprobación, metas y objetivos planteados. Normalmente, sólo una parte de esa expectativa depende de ti, por lo que es probable que en mayor o menor medida siempre haya una parte del vaso vacío.
Aquí surgen varias miradas. Puedes culpar a otros, al ambiente, a lo que te hicieron, a lo que el otro debió hacer o, lo que es peor, culparte a ti mismo.
Así, una y otra vez, entras en un círculo vicioso de no aceptación, de resistencia, de evitación de una realidad que es como es. La mente contribuye a esa línea de acción y, sin darte cuenta, de a poco el agua te llega al cuello. Puedes continuar rumiando, eligiendo personajes de turno o victimizarte contribuyendo a ese círculo. Pero también puedes detenerte, observando sin juicios e iniciar otro camino.
Cultivando resiliencia
Lo importante no es lo que pasa sino qué hacemos con lo que pasa. Esa frase te abre la puerta a un escenario que tiene una gran ventaja. Así como lo que pasa no depende tanto de ti, lo que haces con lo que pasa es tu interpretación y, por ende, depende de ti. Aún en el peor de los escenarios puedes elegir una respuesta creativa, diferente, adaptativa a lo que toque. Dice Victor Frankl en su libro “El hombre en busca del sentido”: Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino.

El cultivo de la resiliencia, de la capacidad de adaptarse y salir fortalecidos de la adversidad es un camino que se cultiva y se entrena. El círculo virtuoso se activa desde la aceptación, no como una señal de aguantar o resignarse, sino como un claro camino a la acción. Desde una mirada neutral, puedes intentar observar sin juzgar la realidad que vives. Sabiendo que cada momento es una nueva oportunidad para ajustar o cambiar el rumbo. Que de ti depende la interpretación de los hechos, la mirada proactiva de cara a lo que elijas.
Pensamientos y emociones
Como dato importante, pon especial énfasis a los pensamientos y a lo que sientes. Los pensamientos construyen la percepción de lo que está pasando. Construyen junto con las creencias y juicios tu verdad acerca de la realidad. Las emociones dan pistas más contundentes de lo que sientes acerca de la realidad. Son respuestas que impactan en el cuerpo físico. Las sensaciones del cuerpo son una pista de información en el momento presente. El cuerpo no vive en el pasado ni en el futuro. Las señales del cuerpo físico son del aquí y ahora.
Así como la resiliencia te ayuda a salir fortalecido de situaciones complejas, el desarrollar la paciencia y la perseverancia como recursos para el día a día, te dará tranquilidad para observar el desarrollo de los hechos y la posibilidad de seguir intentando una y otra vez.
De a poco, profundizando y sosteniendo este camino, desarrollarás otra mirada acerca de la vida y de cómo interpretar lo que pasa. El agua de a poco volverá a su cauce normal. Podrás tomar con equilibrio cualquier escenario asumiendo una mirada compasiva sobre lo que fue y una mirada optimista sobre lo que vendrá. Y cuando esto suceda, el éxito o el fracaso se traducirá siempre en aprendizaje.
