Confinamiento: dudas y enseñanzas

La noche cae después de un nuevo día de confinamiento.  Los días se suceden repetidos en agendas, con tiempos muertos, de reflexión, de agotamiento, de calma, de angustia. Sensaciones que varían conforme al actor, a la persona y al momento.

En este tiempo todos tuvimos un rol: de padre, de madre, de hijo, de amigo, etc.

El trabajo se detuvo para muchos. Para otros siguió con más intensidad en la calle o desde casa consolidando una palabra que sonaba desde hace tiempo: el teletrabajo.

Los niños en casa compartiendo una rutina inédita por primera vez, sin poder salir a jugar o a hacer sus actividades.

Los adultos mayores mirando por las ventanas, balcones o simplemente esperando que el temporal pase rápido y vuelvan las salidas y los encuentros en los bancos de las plazas.

Algunos sufrieron por haber sido víctimas del virus o por haber lamentado la pérdida de alguien cercano. Otros sufrieron por el encierro, por la falta de trabajo e ingresos, por el aburrimiento o por la falta de contacto con otras personas. Unos pocos se adaptaron y hasta disfrutaron de la estadía en casa.

Todo como una gran película, como una postal que quedará como parte de nuestra historia y que las redes sociales, programas de tv y documentales se encargarán de recordarlo de tanto en tanto.  

Muchas cosas quedan por revisar, pero lo que sí podríamos afirmar es que para muchos este confinamiento fue un antes y un después. Y en este punto cabe preguntarnos qué hemos aprendido, qué hace que hoy seamos diferentes a cuando todo esto empezó.

Aceptación

Entendemos la aceptación como un paso clave de adaptación a una nueva realidad. Ante una situación sobre la cual no tenemos posibilidad de cambio y admitir esa realidad nos permite posicionarnos para accionar. 

No es resignación sino todo lo contrario. Es reconocer lo que pasa alrededor para accionar sobre ello. 

La resistencia y la negación serían el opuesto que nos llevaría a más sufrimiento.

Incertidumbre

Hemos aprendido a convivir con ella. Los planes y proyectos quedaron sin sentido en un futuro incierto. La sensación de que no hay mañana o no puedo imaginar el mañana se vuelve más intensa. El miedo a enfermar o a padecer surge de nuevo como algo a resistir y sufrir o aceptar como parte natural de la vida. 

Impermanencia

Hemos entendido lo momentáneo como concepto: esto también pasará. La impermanencia y el cambio son realidades de nuestro día a día.  La transitoriedad es una ley universal que condiciona cualquier proyección. Esa impermanencia nos lleva a lo momentáneo. Por ejemplo: la semana pasada estuve angustiado. Luego me sentí mejor y hoy ya estoy bien. Nada vino para quedarse. Podemos resistirlo y sufrir o aceptar y transformar. 

El momento presente

Hemos experimentado la conexión con lo que nos pasa ahora.  Las pequeñas cosas del día a día: el compartir un juego con un hijo/a, mirar un hermoso día por la ventana o el balcón, tomar el sol, lo simple y contemplativo dominando la escena. Esta conexión nos devolvió recursos muy poderosos como la paciencia, la fortaleza interna y la resiliencia. Cuando dejamos de mirar hacia afuera y miramos hacia adentro y nos conectamos con lo que nos pasa, surge una mirada diferente. 

Nos damos cuenta que no necesitamos mucho para estar bien. Que podemos buscar la felicidad en el lugar donde está, en nuestro interior. Que el desafío es despejar espacio, soltar aquello que nos pesa ya sea del pasado o del futuro.  Dejar de proyectar tanto y concentrarnos más en el momento presente. 

Esta obligada escala técnica, para muchos, se presenta como un cuestionario de puertas adentro, de preguntas importantes: ¿estoy donde quiero estar?, ¿estoy con quien quiero estar?, ¿cómo me siento realmente?, ¿quién es el dueño de mi vida?, ¿qué tipo de vida quiero vivir? Probablemente todas estas preguntas no obtuvieron respuestas pero el solo hecho de interrogarnos ha sido un enorme paso. 

Todas estas vivencias hacen que hoy no seamos la persona que creíamos ser antes del confinamiento. Podríamos afirmar que somos mejores o, al menos, que nos ha modificado. El desafío es continuar más allá del afuera y de lo que ocurra a nuestro alrededor y sostener esta transformación aquí y ahora todos los días. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *