Pensamientos: ¿ilusión o realidad?

Sin darnos cuenta o a veces de manera consciente, los pensamientos aparecen. Como si fuera una sinfonía inconclusa nuestra mente produce pensamientos casi de forma permanente. La velocidad depende del momento, de nuestro estado o de la situación que nos toca vivir.

Por ejemplo, si tenemos que llegar a horario a una cita y nos atascamos en el camino, es muy probable que surjan pensamientos vinculados al enfado y comience nuestro diálogo interno: ¿por qué elegí ir con el coche a la cita?, ¿por qué todo el mundo usa el coche para moverse?, etc.  También, surgirán pensamientos justificadores del retraso: ¿qué diré cuando llegue?  y, por qué no, pensamientos que nada tienen que ver con la situación: qué frío hace, qué calor, qué pasa que no me llama mi hija, qué cenaré hoy por la noche y un sinfín de etcéteras.

Según estudios, se estima que elaboramos unos 60.000 pensamientos diarios. En ese torbellino hay de todo y para todo gusto y color.  En su mayoría esos pensamientos son negativos, repetitivos y vinculados con el  pasado o el futuro. Así es como nuestra mente navega entre el pasado y el futuro como el parabrisas de un coche. 

La mente como tal es una herramienta muy poderosa con enormes capacidades de respuesta y sumamente práctica para el día a día. Conforme al entrenamiento mental, la calidad de esos pensamientos puede mejorar, evolucionar y convertirse en una verdadera herramienta al servicio del momento presente.

Los pensamientos son ilusiones y carecen de valor hasta que le ponemos intención. Son como olas que vienen y se van, son como nubes que pasan sin más hasta que nos focalizamos en uno de ellos y le damos vida. 

El dar vida a un pensamiento es como alumbrar con una linterna. Donde iluminamos hay luz. Y cuando esa luz le da vida al pensamiento, algo mágico sucede. Como una semilla en la tierra que empieza a recibir agua y sol, iniciamos la construcción de una nueva realidad traducida en una acción puntual, un proyecto o un momento.  

Esto significa que no debemos identificarnos con todo lo que produce nuestra mente.  Para ello, debemos cultivar y entrenar la observación de pensamientos. Y para lograrlo es muy importante, por un lado, la distancia necesaria para observar un objeto, y por otro, el tiempo mínimo para accionar y no para reaccionar.

La respiración como base de la meditación

Para conseguir esa observación y conectar con nuestra mente, debemos traerla al momento presente.  Existen muchos mecanismos para lograrlo pero la respiración es el más utilizado por la facilidad de acceso. 

Conectar con nuestra respiración, percibiendo como el aire ingresa y sale de nuestro cuerpo es la forma más sencilla y práctica de traer nuestra mente al aquí y ahora. El siguiente paso será la observación desapegada sin identificación de lo que produce nuestra mente. Este ejercicio consciente es la base de la meditación. 

A través de la meditación y otros métodos de visualización podemos aprender cómo funciona nuestra mente y conectar más con lo que nos pasa ya que las emociones interactúan con los pensamientos y lo más importante es cultivar los pensamientos que deseo.

Si este ejercicio lo repetimos por acumulación, naturalmente empezaremos a producir pensamientos asociados a nuestra verdadera naturaleza de paz, de amor, de pensamientos positivos, los buenos deseos y acciones.

Si tenemos la capacidad de dar vida a nuestros pensamientos y si, efectivamente, somos creadores de nuestra realidad, cabe preguntarnos qué tipo de pensamientos queremos cultivar o qué nueva realidad deseo crear.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *