
Cuando siento que me pierdo en la vida, cuando las cosas no salen como espero, cuando me siento confundido, no siempre surgen los recursos ni las acciones que tanto he practicado. Cuando parece que el miedo gana la batalla y la tristeza me invade, cuando la incertidumbre se vuelve ingobernable, me sirve recordar que soy parte de una vida donde el cambio es una constante y, desde esa posición, estar atento a lo que surja y conectar con las sensaciones del cuerpo que siempre me hablan del presente. Acompañar esos momentos con la certeza de que también pasarán y que el tiempo podrá cicatrizar, me da esperanza. Concentrarme en el aquí y ahora sabiendo que no hay problema posible cuando estoy en el momento presente, es una pista necesaria para reconectar.
En este camino he aprendido la importancia de compartir lo que me pasa. Desde una mente de principiante, me doy cuenta que algunas veces hay que pedir ayuda. Pedir ayuda puede tener múltiples miradas. El compartir con tu pareja, compañera o compañero de ruta, con amigos, es una forma de canalizar la energía estancada producto del mal momento. El compartir te libera de esa carga o, al menos, la hace más liviana. El pedir ayuda hace que surjan las personas, los momentos y las oportunidades para seguir adelante o, simplemente, para sostenerte.
Si te encuentras solo o sola, en ese punto estará el universo para escucharte. El universo es una consciencia colectiva cuyo objetivo es crear vida siempre y del cual somos parte. Somos energía en movimiento más allá de lo visible. Pide ayuda a esa energía. Puedes llamarla como quieras (dios, angel, consciencia). Es amor incondicional siempre dispuesta a tu servicio.
Todo pasa
Reconocer la temporalidad del todo puede ser un alivio en un momento complejo. Esa temporalidad hace relativo lo que creemos absoluto. Hasta nuestra identidad cuando la asociamos a un rol en el juego de la vida. Esto también pasará resuena en los pasillos de nuestra existencia en este plano.
En el camino surgen señales. Señales que nos muestran si estamos donde queremos estar. Si estamos en el camino que realmente deseamos y al cual nos dirigimos. Algunas veces todo se reduce a prestar atención. Las señales pueden ser mensajes, personas, momentos, sueños. Requiere estar en el ahora, atento y conectado. Paciencia y perseverancia para sostener y también voluntad para soltar. El soltar algunas veces es un salto al vacío, un acto de fe. No implica resignación. Es aliviar la carga para seguir andando.

